Qué mejor lugar para disfrutar la lectura del libro "Cuando hablamos de amor", que el puente de cristal de la Biblioteca de la Unidad Cuajimalpa. La experiencia fue como si flotáramos en el aire al discernir qué entendemos sobre este tema que desborda en canciones, películas, series, publicidad, vivencias en las calles. Sin embargo, en ciertos espacios geográficos, las personas no están expuestas al discurso del amor romántico.
En esta ocasión, el círculo de lectura, bajo la batuta de Salma Erehiba (estudiante de la licenciatura en Humanidades), cerró su ciclo para charlar de cómo se conceptualiza la idea del amor en las comunidades indígenas, enmarcando este enfoque por la celebración del Día Internacional de la Lengua Materna (21 de febrero).

El amor romántico no es inoculado en algunas lenguas
El hilo conductor se basó en el libro “Cuando hablamos de amor”, antología de ensayos y reflexiones contemporáneas a cargo de 12 escritoras y pensadoras que “analizan las múltiples facetas del amor, la pareja, los cuidados y el deseo más allá de los clichés románticos”, y en específico en el texto “Tzok” de Yásnaya Elena Aguilar Gil (maestra en lingüística por la UNAM), quien inicia su reflexión así:
“Durante varios años hablé una lengua en la que no existe el sustantivo equivalente para <amor> ni su verbo correspondiente. Lo más cercano que hay es, tal vez, el verbo <tzok>, cuya traducción más adecuada podría ser <querer>, <amar> y <gustar>. Puedo utilizar esta palabra para hablar de mi gusto por las tortillas, para describir los sentimientos que tengo hacia mi hermana o para describir lo que siento por mi pareja. La palabra <tzok> me es útil también cuando tengo que hablar de mi disfrute por el baile”.
Enseguida, la autora, quien es activista en defensa de los derechos lingüísticos de los hablantes de lenguas indígenas, se refiere a que todos los tonos de lo que en español se llaman azul y verde reciben un sólo nombre en su lengua mixe, y construyen un solo color, y que eso no implica no poder percibir la diferencia entre azul y verde, así como “el hecho de que todos los tonos del amarillo reciban ese mismo nombre no impide a los hispanoparlantes distinguir entre ellos. Pueden percibir las diferencias entre todas las manifestaciones de lo amarillo, pues su idioma no necesariamente les afecta a la percepción de los sentidos”.
De esta manera, la autora indica que amar, querer, gustar y desear, sólo son tonos de un mismo sentimiento en lengua mixe, <tzok>¸”con el paso del tiempo, fui aprendiendo español y me pregunto ahora, muchos años después, si con la adquisición de esta lengua, además de aprender verbos que te categorizan una serie de sentimientos de manera más detallada, absorbí el universo narrativo que nos inculca el amor romántico, ese virus tan difícil de combatir”.

¡Casi todos sabemos querer
Pero pocos sabemos amar!
El ensayo fue leído en voz alta entre todas y todos los asistentes, al tiempo que cada quien iba expresando su opinión o sentir personal acerca de este tema y enfoque de Yásnaya Aguilar. Salma Erehiba especificó que este texto lo eligió –de manera adicional a la conmemoración del día de la lengua materna– porque “creo que muchas veces pensamos que el amor romántico, y que por ejemplo, las ideas de matrimonio o de que el amor tiene que doler es algo natural, es algo que está inherente en todas las sociedades y en todas las culturas, pero es algo que únicamente opera en determinados contextos”. Posteriormente, destacó que en numerosas canciones que hablan sobre el amor, lo hacen a partir de una etimología errónea: asumen que la palabra <amor> proviene del prefijo <a> (sin) y <mors> (muerte), significando "sin muerte", el famoso “amor eterno”, “que el amor como que tiene esa esencia de que las cosas no mueren y son eternas”.
Y así es como también entra a escena José José y su canción “El amar y el querer”:
Casi todos sabemos querer
Pero pocos sabemos amar
Es que amar y querer no es igual
Amar es sufrir querer es gozar
El que ama pretende servir
El que ama su vida la da
Y el que quiere pretende vivir
Y nunca sufrir, y nunca sufrir…
A partir de esta letra las personas hilaron esta serie de reflexiones: “y quién quiere ser un tibio”, expresar que sólo “quiere” a alguien, o la contraparte; “tú llegas y le dices a alguien te amo, es como de <oh tranquilo, no digas esa palabra>, que es peligrosa”, y entonces se minimizan los propios sentimientos, y ahora “tengo que ocultarme y decirte que te quiero”. Esto llevó a la conclusión de que también lingüísticamente “se opera” bajo jerarquizaciones dentro de las relaciones humanas; pero también hubo quien mencionó que mientras más vocabulario exista, más rico será el idioma, y habrá mayores posibilidades para visualizar más cosas, y por eso mismo la importancia de usar “él, ella y el elle”.
Y así continuó la dinámica, con más fragmentos leídos del texto de Yásnaya Elena y sus respectivas intervenciones de las y los lectores: ¿Cómo sería mi vida si no hubiera estado expuesta al amor romántico? ¿Qué hubiera pasado con mi vida amorosa si no hubiera aprendido a leer, si no tuviera acceso al cine, a la televisión, si no hubiera aprendido español? ¿Por qué se le da tanto valor al matrimonio? Conforme vamos cambiando, cambian nuestras relaciones, nuestras necesidades y el amor también se puede transformar. El sistema te obliga a querer más y, por consiguiente, a consumir más. En contraposición a esta tendencia, una conexión, aunque fuese de un día, de dos horas o fuese de 100 años, es real. Sin embargo, dentro del esquema del amor romántico, se dice que “si no va a ser tu pareja de 100 años, fracasaste. Cuando no es cierto, cuando sí existió, sí existe ese vínculo”, porque al final es un vínculo, y todos los vínculos deberían ser respetados de la misma forma. La publicidad crea historias e imágenes que nos inoculan deseos.
Atrévete a explorar más allá del amor romántico con "Cuando hablamos de amor", y cuéntanos qué piensas, qué sientes, qué opinas.






